Presentación de la Web publicada en marzo del 2008:

 

Esta página Web se ha hecho con la ilusión de mostrar algunos de los trabajos realizados en la clase de restauración de muebles por personas aficionadas y para poder compartir las ideas entre los diferentes talleres a través de las fotografías. Como que todo mueble tiene su historia, una herencia familiar, una compra o un hallazgo, es el momento de fotografiarlo, trabajarlo, hacerlo nuestro y poderlo disfrutar con "el antes y el después".

En el año 2000, comencé un voluntariado impartiendo clases de restauración de muebles, porque quería transmitir a los demás mis conocimientos adquiridos en los cursos de restauración, organizados por "Amics de les Antiguitats", con un recuerdo especial del maestro Jordi Vila Rufas, especialista en dorados.

Poco después, tuve la suerte de que tres centros cívicos confiaran en mi proyecto y, de esta manera, me encontré con personas de diferentes edades que no sabían nada de restauración y que tenían ganas de aprender. Empezamos trabajando a muñeca con una invasión de conceptos: cabos, goma laca, tapaporos y muchos más. Así llevamos ocho años rodando.

Ahora somos un grupo muy numeroso de amigos muy fieles que disfrutamos recuperando y aplicando nuevas técnicas en el mueble que tanto nos gusta. Mi objetivo es "todo mueble que entra, ha de salir restaurado" y mi lema, "el restaurador recupera el estado original de la pieza y para conseguirlo se necesita mucha paciencia".

Contemplando un cuadro en forma de ocho de una artista japonesa, se me ocurrió hacerlo servir como símbolo para expresar la relación entre estos ocho años de trabajo y la infinidad de veces que hemos de aplicar el movimiento circular del barnizado a muñeca en forma de ∞. Si os fijáis, nos viene la imagen de los hilos de los cabos, que tantas veces hacemos servir.

Este espacio es una pequeña muestra de todo lo que estamos realizando. Como siempre, nos quedamos con las ganas de no haber fotografiado todos los muebles que hemos restaurado.

Nuestra amiga Sara Masó, periodista y escritora, ha tenido la amabilidad de describir el clima que se respira en nuestras clases. Este es el escrito que ha hecho para esta ocasión:

Nati 

 

Aprender y comunicar

 

Todo hombre o mujer, por naturaleza desea saber. Lo definió hace más de dos mil años en su Metafísica el filósofo griego Aristóteles que aplicó el concepto de universalidad a las cosas. Si lo universal no se hallara en las cosas, la ciencia no sería posible, escribió. La historia ha vertido a lo largo de los tiempos, páginas sobre objetos. Vasijas griegas, monedas romanas, vasos etruscos muestran formas de vida, juegos, mitos.

Las cosas. He aquí el valor indiscutible de todo cuanto nos rodea desde elementos de uso diario hasta las joyas más preciadas incluidas las piezas artísticas o los bienes muebles. Porque las cosas, de manera cierta, nos acompañan siempre.

Yo llegué a las clases de restauración de muebles de Nati Becerra  en parte por ese innato deseo de saber, en parte para renovar algunos enseres existentes en la casa  que fue de mis abuelos en la costa barcelonesa. La casa contenía numerosos objetos que el tiempo había recubierto con su pátina: desde una silla isabelina o una cerámica de sobremesa con cabeza de mujer modernista, hasta el costurero de la abuela, una percha utilitaria o un viejo baúl de mis antepasados navegantes.

Siempre me atrajo la decoración del hogar. Con este título publiqué mi primer libro en Editorial Bruguera el año 1969. Más tarde, al escribir en 1998 La imprudencia del Titanic -el lujoso trasatlántico que en 1912 naufragó en el Atlántico llevándose al fondo del mar a más de 1.500 personas- me fijé en la suntuosa decoración del célebre barco inspirada en las grandes mansiones inglesas (Hatfield o Haddon Hall). Todo este background me llevó hace varios cursos al taller de Nati Becerra  donde continuo. He restaurado piezas de madera, cobre, hierro, laca, etc. Aprendí a quitar pinturas viejas, a pulir, a barnizar, a combinar tintes de color, a utilizar el papel de lija, los cabos de algodón, y los pinceles si cabe. Y a tener paciencia para todo ello.

Pero además, en el grupo de personas del taller, incluida Nati la profesora,  descubrí un mundo de comunicación, de colaboración entre todos sus miembros. Hoy es para mi un aliciente asistir a esas clases los viernes por la mañana, aumentar mis modestos conocimientos, poner la mirada en los trabajos que hacen mis compañeros y compañeras de la clase y de cuando en cuando cambiar impresiones. Por otra parte las ideas que nos imparte Nati sobre interiorismo actual nos ponen al día en tendencias, tejidos, colores. Las visitas a salas de subasta, o de compras a los Encantes barceloneses son prácticas de gran interés.

Y un valor añadido: El compañerismo en el grupo se demuestra cada dos por tres: “¿Tienes un poco de goma laca para prestarme?” Ahí va. “Huy, me olvidé de traer el matacarcomas y este costurero tiene mil y un agujeros que tapar.” Aquí está.”Tiene alguien lija del 3/60?

Somos quince los alumnos que compartimos las clases de Nati. Por mi parte cuento en el taller con algunos vecinos-vecinas del barrio con quienes he ganado una amistad  cercana. La amistad nos reúne a todos en las comidas de Navidad o fin de curso. Gracias Nati por tu trabajo y tus enseñanzas. Espero, de verdad,  que sigamos así.

 

Sara Masó Maristany

Periodista y escritora.